Un #25N de violencia estatal

Un #25N de violencia estatal

El país vivió el 25 de noviembre -Día Internacional contra la violencia hacia las Mujeres- con movilizaciones de mujeres, pero también de la ciudadanía, cuyas demandas sociales no han encontrado respuesta suficiente de parte de las autoridades, en todo el territorio. La consigna que encabezó de la marcha de las organizaciones feministas de Santiago fue “No hay acuerdo sin nosotras”.

Ello porque escenario político ha sufrido varios vuelcos, en especial con el “Acuerdo por la paz social y la Nueva Constitución” alcanzado entre los partidos de gobierno y parte importante de los partidos de oposición, con un itinerario que debería incluir un plebiscito para consultar a la ciudadanía sobre su voluntad de cambio de la Constitución heredada de la dictadura cívico-militar (1973-1989) y sobre el mecanismo para elaborar una nueva, la elección de un cuerpo constituyente –con un plazo de 9 a 12 meses- y un plebiscito ratificatorio. Este Acuerdo ha abierto las puertas a un debate altamente deseado y valorado, pero fue construido sin la participación de los actores y movimientos sociales que sostienen las movilizaciones y las protestas, y ha confirmado la necesidad de mantener la presión social, más aún cuando a poco andar han surgido diferencias en la interpretación de lo acordado y cuando los partidos de gobierno se niegan a considerar la participación paritaria de mujeres y hombres, y una cuota de pueblos originarios en ese cuerpo constituyente.

Un número significativo de municipios decidió anticiparse al plebiscito de abril y realizar, el 15 de diciembre, una consulta sobre el cambio de la Constitución, pero también sobre prioridades en los problemas que han animado las protestas y movilizaciones. Han persistido los espacios de conversación, cabildos, consultas y otras instancias autoconvocadas en las que miles de mujeres y hombres conversan sobre el país deseado. Esperamos que sigan existiendo y con la masividad que requiere un proceso de esta envergadura.

Otro vuelco se ha producido con la entrega de dos informes de observadores de DDHH, de Amnistía Internacional y de Human Rights Watch, que coinciden en señalar la gravedad de las violaciones de los derechos humanos de hombres, mujeres, niñas y niños, la incapacidad del gobierno de exigir de parte de la policía el cumplimiento de los protocolos para el uso de armas no letales. Las cifras no dejan de aumentar y, a los registros de pérdidas oculares, se ha sumado una mujer que ha perdido sus dos ojos por una bomba lacrimógena recibida en su cara cuando esperaba el bus en un paradero.

Sin embargo, el gobierno insiste en su agenda de seguridad pública, con el foco en los actos de vandalismo, incendios y saqueos que se han producido en el país, buscando más atribuciones para la policía y la salida militares en instalaciones declaradas “estratégicas”, eximidas de responsabilidad penal, y avanza tímidamente en dar respuestas a algunas demandas sociales.

Al publicar este reportaje, sin embargo, la performance masiva “Un violador en tu camino” se ha tomado numerosos lugares públicos, con cientos de mujeres denunciando la acción opresora y cómplice del Estado con la violencia hacia las mujeres, la que, replicada en distintas ciudades del mundo, ha devuelto protagonismo y visibilidad a las mujeres en un contexto que privilegia la violencia dirigida a los bienes materiales. Una acción comunicacional.

En este Boletín, como Observatorio de Género y Equidad, repasamos las características de la violencia que viven las mujeres, las barreras que enfrenta la prevención y sanción de la misma, pero también las dificultades que encuentran las comunicadoras feministas para ejercer el periodismo y poner en los medios las demandas de las mujeres.

Finalmente, incluimos una oportuna reflexión sobre los desafíos que tienen los movimientos sociales latinoamericanos para asumir una perspectiva de interseccionalidad, es decir, cómo experimentan los grupos sociales que los integran las intersecciones de raza y género, clase y género y otras dimensiones de diferenciación y desigualdad.

 

Patsili Toledo, abogada: “Forzar a las mujeres a denunciar cuando necesitan protección y acceder a recursos, no basta”

Por Catalina Arenas

Para la investigadora, que una mujer verbalice una situación de violencia con un cercano o familiar y/o denuncie el abuso ante una autoridad, operador de justicia o agente policial, la enfrenta a un escenario adverso. Según un estudio de Asociación de Municipalidades de Chile (AMUCH), el 72% de las víctimas de violencia (física o psicológica) no dejó constancia en Carabineros previo al femicidio (entre 2014 y 2018). “Cuando una mujer está muerta, automáticamente el caso entra a la justicia penal y, así también, se inician las diligencias que todavía, en muchos casos de femicidios íntimos, resultan muy fáciles de investigar para castigar a los responsables”, señala la abogada.

El argumento de la académica enfatiza acerca del momento que la evidencia de cada femicidio salta a la vista del sentido común, porque hay una ex pareja prófuga, antecedentes de mala convivencia y conflictos de otra índole que cruzan la realidad de estos casos. “Las violencias contra las mujeres no sólo son por razón de género. También se cruza con discriminación racial, de clase, por dedicarse al trabajo sexual o consumir drogas, incluso a veces cuesta identificar el problema de fondo por cada caso. Son escenarios muchos más complejos para las mujeres que pertenecen a los colectivos más marginalizados”, aclara.

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Svenska Arensburg psicóloga de la U. De Chile: “Cualquier cuerpo feminizado o que no cumple con la masculinidad hegemónica puede ser objeto de tortura y violencia sexual”

Por Antonia Fava Etcheberry

Svenska valora la labor del movimiento feminista reciente en el país para mostrar la vigencia de las prácticas de violencia política sexual por parte de los agentes de seguridad del Estado en medio del estallido social: Dar cuenta que no es un asunto del pasado sino que tiene completa presencia en las movilizaciones actuales y que esta es ejercida hacia las mujeres y cuerpos feminizados.

“Mientras no entendamos este problema desde un enfoque feminista y todo el sexismo que provoca esa violencia, va a continuar vigente”, afirma Arensburg acerca del papel de los feminismos en instalar esta problemática y acabar con la visión secundaria que existe sobre la violencia política sexual. Para poder terminar con estas prácticas es necesario que la sociedad y la política lo deje de entender como un fenómeno “raro”, específico o menor.

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Mara Viveros, académica colombiana: «Si un movimiento que se dice progresista no es antisexista, antirracista, anti homofóbico, no tiene un horizonte emancipatorio»

Por Daniel Meza Riquelme

Mara Viveros está convencida que las comunidades de América Latina se encuentran en un proceso de fragmentación. El neoliberalismo ha socavado, y en algunos casos roto, los lazos comunitarios que mantenían la colaboración entre diferentes actores. El avance del extractivismo supone una amenaza ambiental, cultural, económica y de género para las comunidades indígenas. Porque la “dominación está concadenada y existen vasos comunicantes entre esos privilegios”, con aquello hace referencia a que ninguna categoría por sí sola, ni el género ni la clase, pueden explicar las diferentes dominaciones.

A través de una perspectiva interseccional, analiza las posibles alianzas que los movimientos sociales de mujeres pueden realizar en la región. Le parece primordial que esos actores tengan un objetivo emancipador para los diversos grupos oprimidos.

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Sandra Chaher, periodista argentina: «El feminismo es el mejor virus que hemos tenido dentro del periodismo»

Por Fava, A., Gutiérrez, F., y Maureira, M.

Sandra Chaher hace un reconocimiento al origen del Ni Una Menos, “legitima que el movimiento feminista argentino haya surgido de comunicadoras y no de activista y organizaciones de violencia”. Hoy, dice, los cambios han sido significativos. La existencia de editoras y defensoras de género en la prensa han logrado que el enfoque de la información sea desde una perspectiva distinta. Fueron las mismas funcionarias de Clarín, uno de los medios más importantes de Argentina, las que exigieron las medidas que actualmente han sido adoptadas por la gran mayoría de los medios de comunicación. “El feminismo es el mejor virus que hemos tenido dentro del periodismo en los últimos años. Lo tiene una y las otras no pueden no tenerlo. Es un virus maravilloso”, compara Chaher.

El caso de la publicidad es distinto. Recién en 2016, luego de Ni Una Menos,  movimiento que marcó a Argentina y Latinoamérica, surge Publicitarias.Org. Esta organización busca promover la diversidad e instalar la perspectiva de género en la industria.

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