A cinco meses de la histórica toma: el feminismo en la Universidad Católica desde la mirada del MAFI

A cinco meses de la histórica toma: el feminismo en la Universidad Católica desde la mirada del MAFI

Por Catalina Arenas

La ola feminista inundó los planteles académicos y gatilló la tercera toma histórica a la Pontificia Universidad Católica (PUC) desde 1967. En esta conversación, dos estudiantes reviven, desde distintos ángulos, cómo se planeó la ocupación feminista de Casa Central y sopesan lo que significó el mayo feminista.

Constanza Cornejo estudia Arquitectura en el Campus Lo Contador, va en segundo año y es mamá, y Constanza Rivera es estudiante de tercero de Letras Hispánicas y se ha vinculado firmemente a los movimientos estudiantiles desde 2016. Ambas conforman un grupo activista estudiantil denominado Movimiento Autónomo Feminista Interseccional (MAFI) que coordina y programa una serie de actividades con perspectiva de género.

Feminismo, el recurso político del año

El próximo 6 y 7 de noviembre, las listas del Movimiento Gremial (MG) y Nueva Acción Universitaria (NAU) se enfrentarán en las Elecciones de la FEUC en segunda vuelta, luego que quedara atrás la polémica por acusaciones de violencia sexual contra representantes de MG y Surgencia (de izquierda). Una impugnación que no es una rareza, puesto que el año pasado también aconteció una situación similar con la lista Solidaridad.

En las actuales elecciones, las integrantes del MAFI rescatan con suspicacia que ambos contrincantes en el balotaje se consideran “pro-mujer”. Constanza Cornejo percibe que “quienes competían se colgaron bastante de la palabra feminismo, sin vivirla ni conocerla. Por ejemplo, en Surgencia parten de la base que todos son feministas”.

Desde el patio de la Facultad de Humanidades del Campus San Joaquín, ambas comentan:

Fue la estrategia del año porque las políticas que proponían los movimientos más conservadores en sus programas eran más bien paternalistas o asistencialistas y en la mayoría de ellos el foco todavía está en hablar del hombre y la mujer, sostiene Cornejo de Arquitectura. A su juicio, son errores que pasan porque los distintos espacios políticos no comprometen una articulación real con la movilización feminista y prometen cosas que ya se están trabajando a partir de lo que se avanzó en mayo y no pueden pasar por encima de eso. Por su parte, Constanza Rivero remata: “Sí, es la instrumentalización del movimiento porque se usa como una estrategia para agarrar votos y generar adherencia”.

Al fin y al cabo, la conclusión es la misma: en la PUC, el movimiento feminista ha generado una fuerte polarización interna separando a los que están de acuerdo con la causa, con todos aquellos detractores que actúan agresivamentesobre asuntos que las feministas ya daban por superados.

En mayo se pronosticó “lluvia”

De manera tenue, se comenzó a susurrar la llegada de un fuerte temporal a la Universidad Católica. La nube negra se posicionó cuando el movimiento feminista UC organizó toda una escena para entregarle el petitorio al rector Ignacio Sánchez, en Casa Central. La sorpresa fue superlativa cuando el documento, en el que habían trabajado durante una semana, fue recibido por el director de Asuntos Estudiantiles, William Young, a nombre de Sánchez.

“Después de esa desilusión, tuvimos una asamblea en la que hubo harta vigilancia, así que cerramos las puertas y alguien escribió en la pizarra: LLUVIA = TOMA.” La narración de esas horas previas a la “lluvia” la cuenta Constanza Rivera estudiante de Letras Hispánicas, quien participó en su planificación y vivió los pormenores desde dentro de la ocupación. Su motor principal son las carencias que percibía a diario, desde su entorno hacia las mujeres y disidencias sexuales.

“Dejan la clave ahí durante más o menos un minuto y la borran. Luego, empezamos a alimentar esta idea que fue propuesta desde la antigua organización del MAFI. Todas las personas que estábamos ahí la apoyamos, y un viernes nos tomamos Casa Central”, recuerda Rivera.

“Fue larga esa asamblea, yo estuve como dos horas durante la decisión; me fui y siguieron”, agrega Constanza Cornejo, quien reconoce que apoyó la radicalización desde afuera. Ella participó del mayo feminista con los padres y madres universitarias y con las trabajadoras subcontratadas. “Luego de esa asamblea, nos contactamos con una organización feminista de la Universidad de Chile y ellas nos prestaron su espacio para planear la logística de esta ‘lluvia’. Hasta una de sus facultades llegamos las que éramos de un núcleo más activo y otras entendidas en las distintas áreas de nuestro objetivo”.

“En ese tiempo fue mucho más fácil acceder a masas de gente porque el Campus Oriente también apoyaba. Desde ahí, también salió todo este escuadrón de enmascaradas que fueron icónicas en la marcha”, detalla Cornejo.

Una de las razones de esta radicalización del movimiento fue el historial de movilizaciones en la UC, “porque usualmente las medidas que toma la universidad son parche, son para apurar el fin del paro y continuar con las clases normales”, dice Constanza Rivera.

“En paralelo, desde fuera, en todos los noticieros de la mañana salió información sobre la toma de la UC (…) las que íbamos llegando nos comenzamos a concentrar en el frontis ante cualquier cosa que pasara”, describe Constanza Cornejo de segundo año de Arquitectura. “Nosotras no teníamos idea de lo que estaba pasando afuera, ni siquiera de qué se estaba comentando en la prensa, pero nos avisaron que la gente se despertó con la noticia de que Casa Central estaba tomada”.

Transcurridas las horas, cuando la “lluvia” ya estaba desatada, llegaron los movimientos universitarios como los gremialistas y Solidaridad, e hicieron sentir su discrepancia. Las estudiantes feministas tuvieron que idear una estrategia para atender a los distintos frentes, entre ellos el nombrado ‘Muro de Berlín’, que era la barricada más grande que dividía a la toma, de la contratoma que habrían organizado los retractores. “Lo que motivó esta contratoma fue la defensa de la propiedad privada, porque ellos defienden el derecho a ser clase por sobre todo lo demás”, aclara Constanza Cornejo.

Fue en los turnos de vigilancia cuando comenzaron los amedrentamientos. Lo más grave sucedió contra una estudiante de Ciencias Biológicas que cumplía la función de resguardar la integridad de la toma y de sus ocupantes, y que fue amenazada de muerte. “Algunos se pusieron bien violentos aunque sólo increparon a las compañeras que estaban en esos puestos”, recuerda Rivera.

Feminismo en letra difusa

Las compañeras y la disidencia estudiantil se enfrentaron a las urgencias del momento, a un derroche de trascendidos y cometieron errores que, finalmente, hizo que la ola se retirara en la UC: “Percibí en mi campus un discurso de feminismo y sororidad, que ya no existe”, se queja Constanza Cornejo. Opina que “las personas que asistieron no fueron a contagiarse de un feminismo de base, sino que fue la coyuntura lo que permitió esa instancia”.

Mirando el vaso medio lleno, las integrantes del MAFI destacan que la movilización fue masiva, heterogénea y comprometida. “Nunca hubiese esperado ver a más de 200 personas o el aula magna llena por las asambleas de mujeres”, rescata Constanza Rivera de Letras Hispánicas, agregando que “logramos articularnos de manera muy rápida y eficiente”.

Todas estas cualidades conllevaron una gran responsabilidad, que no las eximió de problemas. Entre las situaciones que las dejaron en jaque, recuerdan el momento en que las voceras decidieron no hablar con la prensa.“Fue un error porque son los periodistas los que finalmente llegan a la gente y, por otro lado, hubo personas que sí accedieron a hablar con los medios e informaron mal”, reconoce Cornejo. A esto se suman las decisiones de último minuto que se tomaron entre cientos de alumnas.

Desde su visión personal, Constanza Rivera opina que “en esta universidad (PUC) el movimiento se levantó desde una base genérica del feminismo que responde a ‘no podemos permitir que nos estén agrediendo, matando y violando’. Entonces, a la hora de tomar decisiones de peso salían todas las posturas políticas al respecto y tuvimos que votar hasta tres veces un tema, en un mismo día”. La estudiante feminista explica que lo anterior “produjo quiebres porque todas pensábamos distinto, éramos un grupo muy masivo y heterogéneo”.

La ganada: todavía queda feminismo

Actualmente en la Universidad Católica las mesas de trabajo permanecen activas y dispuestas a avanzar en el petitorio acordado. “Creo que la única ganada fue que logramos tomarnos Casa Central, articuladas por al menos un momento y decir que en la UC se pelea; aunque sea por los beneficios de la propia universidad”, dice Constanza Cornejo.

También, continúan funcionando otras organizaciones feministas que se mantienen en pie de alerta contra la misoginia y la violencia sexual al interior del plantel académico como el propio MAFI, la Secretaría de Género y Sexualidades (SEGEX UC) y las representantes UC de la Coordinadora Feminista Universitaria (COFEU), entre otras, que convocan a actividades como la concentración contra la cultura de la violación del pasado martes.

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