Camila Arenas, Movimiento SOL:  “La ‘educación no sexista’ no está en la palestra pública”

Camila Arenas, Movimiento SOL: “La ‘educación no sexista’ no está en la palestra pública”

Por Valentina Silva

Las movilizaciones estudiantiles feministas explotaron en mayo de este año cuando miles de estudiantes salieron a las calles y se tomaron universidades y colegios, exigiendo una educación no sexista o educación feminista, con el fin de transformar y visibilizar la violencia hacia mujeres que se producen al interior de planteles educativos.

Dicha violencia viene de hace décadas, imponiendo un modelo educativo en el que se fomentan los estereotipos de género entre niñas y niños, hombres y mujeres. Dichos estereotipos son fáciles de identificar: las niñas cocinan, los niños juegan fútbol; a los niños les gustan los autos a las niñas las princesas. Según el estudio Global Early Adolescent Study, elaborado en 15 países por la Organización Mundial de la Salud y la Universidad de John Hopkins (Baltimore, Estados Unidos), los estereotipos de género “se pueden volver dañinos cuando el individuo comienza la adolescencia”.

En Chile, las cifras demuestran que las decisiones sobre estudios universitarios si tienen brechas de género. De acuerdo al análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los textos escolares del Ministerio de Educación (Mineduc) en Chile muestran a las mujeres en roles domésticos y a los varones en profesiones y papeles protagónicos. El sitio web MiFuturo.cl también del Mineduc arrojó que en 2018, el 53,7% de las matrículas de educación superior corresponde a mujeres que eligen carreras que implican el cuidado a otras personas como Pedagogía Básica o Enfermería, ambas carreras tienen menores remuneraciones; a diferencia de los hombres que escogen Ingeniería Mecánica o Eléctrica, y que coincidentemente lideran las áreas con mayor remuneración.

Durante la cuarta sesión de la mesa feminista que realiza la Fundación Friedrich Ebert Stiftung (FES), Carmen Andrade, directora de la Unidad de Género de la Universidad de Chile, afirmó que la educación sexista “es una forma de discriminación que incluye ideología y prácticas educativas basadas en el sexo de la persona; lo que instala es un supuesto de mayor valoración político y social”. Agregó que “el sistema educativo tiene una potencialidad y eficacia enorme en reproducir estereotipos de género; consolida patrones hegemónicos, las relaciones de poder. Creo que junto con la familia, es uno de los principales mecanismos de reproducción, no olvidemos que uno pasa gran parte de su vida, entre 10 a 12 años en el sistema educativo, la posibilidad de ser influida o influido, es muy fuerte”.

Camila Arenas, profesora de filosofía de la Universidad de Chile e integrante del Movimiento Político Socialismo y Libertad, SOL, sostiene que si bien existen estudios sobre brechas de género y avances en cuotas en la universidad “el contenido de la educación no sexista es algo que no está en la palestra pública”. Durante las manifestaciones de mayo 2018, 170 mil mujeres marcharon por una educación no sexista, exigiendo una reforma estructural, pero para la docente, el proceso es más largo, asegurando que “hay poca disposición; hay una tradición que lo impide porque hay falta de voluntad política para avanzar”.

La persistente desigualdad de género

En medio de las movilizaciones feministas se hicieron público los petitorios al interior de cada universidad exigiendo que no se siga reproduciendo un sistema patriarcal en los planteles educativos. El petitorio entregado por la Asamblea de Mujeres  de la Universidad de de Chile planteaba cuatro ejes principales: Órganos y reglamentos, Educación No Sexista, Financiamiento y Articulación triestamental. Durante la mesa feminista en la Fundación FES, Carmen Andrade afirmó que existe un sistema de jerarquización en las universidades en base al prestigio académico. “Por ello las alumnas exigen la estandarización en la encuesta docente con el objetivo de identificar conductas discriminatorias y machistas y evaluar el comportamiento dentro y fuera del aula de los docentes”.

Camila Arenas apunta a que en las universidades no se indaga profundamente cómo se desarrolla la docencia, ya que existe una valoración social hacia los docentes universitarios. “Parece imprudente interrumpir a los profesores académicos universitarios para ver si sus prácticas son sexistas o no, eso no se hace y nunca se ha hecho”. Además sostiene que si bien hay universidades en los que se generaron protocolos o informativos en los que se indica que se deben evitar conductas discriminatorias y violentas en base al género, aún existe encubrimiento de profesores varones que abusan de poder y se ratifican como sexistas, pero “no hay intervención, tampoco hay transformación de contenido de matriz, de pensamiento al interior de las universidades”.

En cuanto a las transformaciones palpables en materia de igualdad de género, en la mesa feminista de FES, se aseguró que si bien las  universidades llevan años escribiendo sobre la igualdad de género, no han intervenido su propia realidad. “Tenemos 20 años de centro de estudios de género podríamos llenar bibliotecas con la producción de género y la desigualdad de género se ha mantenido inalterablemente al interior de la universidad”.

Camila Arenas detalla que en la Universidad de Chile han trabajado temáticas de género desde hace varios años, pero siempre vinculadas con los programas de gobierno, no con el trabajo de los movimientos sociales. “Los espacios de trabajo que han tenido que ver con género en la Chile se relaciona más con los espacios de trabajo en línea con las propuesta de gobierno y políticas públicas, que con el movimiento social feminista”. Sostiene que este es un precedente significativo, ya que nunca antes un movimiento había entrado a las aulas de forma que profesores se enfrentasen al tema de la violencia sexual y que puedan ser interpelados. “Jamás rectores o académicos importantes habían vivido una situación en la que tienen que enfrentarse con el tema en sus aulas, en su proceder; con oposición y conocimiento. La institución se ha hecho cargo en la mejor medida que ha podido, pero con muchas carencias”.

Educación no sexista y la Grecia antigua

Las demandas estudiantiles buscaban generar cambios en los instituciones educativas, sin embargo la agenda presidencial no integra las reivindicaciones expuestas por las estudiantes. Se creó una Agenda de Mujer que dio espacio a 22 medidas que no contempla la principal demanda tras las movilizaciones: la educación no sexista.  Para la representante del Movimiento SOL “tanto la derecha como la izquierda se ponen a hablar de género e igualdad con nociones muy erradas, pensando que machismo y feminismo son los mismo, con falta de conocimiento por parte de altos personeros en espacios de poder político (…) desde la derecha hasta la Nueva Mayoría, han hablado de educación no sexista sin entender mucho, diciendo estupideces del tipo ‘ahora ya no se va a poder pasar filósofos porque son todos hombres los de la Grecia antigua.”

Arenas se detiene en las situaciones donde se han dado a conocer casos de políticos acusados de abuso sexual. “Es inmoral que en partidos políticos haya gente que tenga antecedentes de abusos, tenemos senadores imputados por coimas, presidente de partidos imputados por distintos tipos de violencia. Nosotras esperamos que a la larga sea un requisito la perspectiva de género, pero hasta ahora no lo es. Sólo está visible y es vergonzoso que alguien que esté acusado (de violencia hacia mujeres) ostente algún cargo público y esa vergüenza para nosotras ya es algo. Pero en el fondo la violencia es tan estructural que hay gente que no estando acusada de violencia intrafamiliar, aún así levantan espacios de opresión”.

Camila Arenas indicó que gobiernos tanto de la Nueva Mayoría como de derecha “siempre declaran haber escuchado a los movimientos sociales, pero jamás los incluyen en sus programas, ni acciones para llevar adelante transformaciones, entonces menos podemos esperar de un gobierno de derecha que lleve la educación no sexista, porque no solamente no la entienden, sino que no es conveniente a su ideología; con lo liberal que es en términos económicos la derecha chilena, es muy tradicional, en cuanto a lo valórico”.

La representante del movimiento político del Frente Amplio explica que “el presidente Sebastián Piñera podrá ver, en términos de tecnocracia, los asuntos de género, como las diferencias que hay en las pruebas estandarizadas entre mujeres y hombres, pero en ningún caso va a ser una preocupación de fondo de este gobierno, menos del ministerio de educación”. Por lo mismo, considera fundamental los avances del movimiento feminista, quienes buscan impulsar transformaciones en torno a la presión social. Para ello, dice, es importante que “día a día se instale este tema y se promocionen las transformaciones, también exigiéndolas; eso siempre le toca al movimiento social” porque “es muy improbable que este gobierno se haga cargo, creo que en ningún aspecto, ni siquiera de forma”.

Parte de las postales que dejaron las movilizaciones fueron carteles en que se leía:  “No existirá transformación si se mantiene el sexismo en la educación”, “Macho no se hace la educación chilena lo hace”, “Merecemos tener profesores no abusadores”, “No más acoso en el aula”.

Las exigencias de transformación del sistema patriarcal chileno en la educación y en el orden social en el que las mujeres vive subordinadas desde su infancia, cuando en la educación básica prevalecen estereotipos y roles de género y hasta adultas, cuando deben escoger una carrera profesional, fueron parte de lo expuesto por la ola feminista en mayo de este año.

La educación no sexista se instaló como discurso y un precedente que las movilizaciones buscaron potenciar, de forma que comiencen a entrar en espacios educativos democráticos y más seguros, y resguarden los procesos de libertad individual y colectiva, principalmente, de las mujeres. “Se instaló un sentido común que, en este caso, es de protección hacia las estudiantes, hay una preocupación hacia el estudiantado porque ya es inadmisible que hayan casos de acoso, abuso, abuso de poder”, concluyó Camila Arenas.

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