Militante política desde joven “para transformar a la sociedad argentina”, explica que su encuentro con el feminismo se gestó en su exilio en Brasil. “Es ahí que yo me torno feminista y advierto que dentro de todo el régimen de posibilidades que me había dado en materia de dónde dar la justicia básica, me faltaba nada menos que la nota de mí misma, y como la experiencia de Brasil me marcó muchísimo, al regresar a la Argentina decidí dedicarme a la investigación histórica porque era como una asignatura pendiente, y cada vez más me fui entonando hacia una historia de las mujeres”.

¿El resultado? Más de 25 años dedicada a esa historiografía y diversas publicaciones sobre la materia, cruzadas por la exclusión y la violencia, a las que ahora se sumará un libro sobre la historia del feminismo latinoamericano.

¿Es abarcable esta historia?

– Sí. Estoy en este momento intentando terminar un texto difícil, muy complejo, que me ha obligado a mucha investigación, que es una historia mínima del feminismo en América Latina que me fascina muchísimo y que me pone en una situación de sortilegio especial porque soy la primera modificada. Es muy común que las y los oficiantes de historia te reconozcan que en la medida que están investigando hay una transformación del sujeto que investiga. Entonces a mí me ocurrió lo mismo, porque he aprendido muchísimo de la historia de los movimientos feministas.

¿Desde qué lugar se ha escrito hasta ahora esta historia del feminismo en América Latina? ¿Están presentes las clases populares?

– Bueno, yo diría que en general las oficiantes feministas dedicadas a la historia de las mujeres no han sido negligentes con la condición femenina más subalterna, que es la condición de las mujeres populares, los sectores más oprimidos. Acá en Chile hubo trabajos muy interesantes acerca de las mujeres y el trabajo, lo mismo ha pasado en Argentina. Yo diría que hay más investigación acerca de las mujeres en los sectores populares en América Latina, que de las mujeres en los sectores dominantes. Ahora, es probable que tengamos todavía muchísimo que indagar, investigar y abordar, particularmente acerca de las condiciones de vida, de los sentimientos, de las sensibilidades, de las epopeyas.

Una pregunta frecuente relacionada a esto es la contradicción o dualidad entre el feminismo académico y el feminismo de base. ¿Hay puntos de encuentro? ¿Cómo se complementan? ¿Cómo deben dialogar?

– En América Latina, felizmente, el feminismo emergente de los años 60, ’70 y 80 tiene una nervadura que comunica a la academia con la militancia. En Estados Unidos eso es poco probable ya que las que son académicas, son académicas, y las que hacen política militante son otras, pero nosotras en América Latina tenemos -en general- una cierta yuxtaposición. He tenido la suerte de poder congeniar, articular y conciliar bien -aun actualmente, en este estado de ya señoras muy viejas- el campo de la academia y el de la militancia.

Y justamente hablando desde hoy y desde la calle. ¿Qué precedente nos deja la acalorada discusión y lucha por el aborto en Argentina?

– Nos deja, primero, una lección acerca de los cambios producidos entre las nuevas generaciones de mujeres. Tenemos una experiencia completamente renovada en las muchachas sub 20, una experiencia renovada de una subjetividad que se transmite y que no está dispuesta a admitir el sometimiento al patriarcado, y que está revestida de grandes intuiciones más que de gran conocimiento. En general, la mayoría de las jóvenes no ha leído una página de teoría feminista, pero tienen un arrojo extraordinario acerca del rechazo al sometimiento patriarcal y eso es lo que importa, hay una vibración extraordinaria.

La otra cuestión que nos deja como lección es la masividad de los feminismos en Argentina. La otra, es una lección un poco más de adversidad y es saber que las formulaciones reaccionarias están muy presentes aun en aquellas fracciones que se dicen liberales. O sea, si fueran coherentes con el liberalismo, deberían haber votado la ley, pero son una ficción liberal que en el fondo responden a una gran retaguardia conservadora.

¿Qué provoca tanta reticencia? ¿Qué está en juego?

– Yo diría que está en juego un sistema vertebral de ideología patriarcal que supone que las mujeres inexorablemente deben embarazarse y parir y esta conjura de todo el movimiento feminista obviamente es muy amenazante para ese sistema ideológico. Entonces desde luego ahí hay intersecciones de religiosidad, filosofía, etc., pero lo que está en juego verdaderamente en esas posiciones es la vertebralidad ideológica del patriarcado, que exige que las mujeres sean reproductoras.

Una tragedia

La violencia y el miedo son tópicos presentes cada vez que hablamos de feminismos y de movimientos sociales. ¿Qué pulso nos marca la elección de Bolsonaro? ¿Es una repuesta global? ¿Es una emergencia? ¿Estaban dormidos?

– El movimiento feminista es parte de los movimientos sociales, un movimiento que ha cobrado hoy una estatura extraordinaria y es seguramente el movimiento más poblado, más denso y de mayor manifestación, eso debe ser dicho. La segunda cuestión refiere a cómo pueden inflexionar las voluntades de los electores con relación a estas figuras que aparecen.

En el caso de Brasil debe entenderse por dos razones: el odio que suscitan en general lo que han sido las gobernazas del PT y por el fenómeno de enorme trascendencia que tiene la inseguridad. O sea, la inseguridad es la llave maestra del fascismo, porque en realidad por la inseguridad se consigue el cancelamiento de la libertad de las personas, esto corresponde a una asimilación con la servidumbre.

Sabemos que en Brasil personas que han sido completamente hostigadas, comunidades como las personas gay, lesbianas y etc., esas personas votaron por Bolsonaro, y esa es una abdicación profunda. La idea de que estas son cosas que dicen en la superficie y que en el fondo no las piensan así, son las justificaciones para no ver la profundidad del daño que se auto infligieron, entonces lo de Bolsonaro es una tragedia que tiene impactos en América Latina. Espero que no haya ninguna posibilidad de réplicas, por lo menos, con la agudeza que tiene Bolsonaro, pero me temo que sí.

Respecto a las universidades, usted hablaba de la centralidad, del ojo que hay que poner en las mallas, que ahí está la polea de las bases patriarcales del conocimiento.

– La universidad es una reserva patriarcal, pero la reserva patriarcal no está solamente en los modos relacionales y de la exclusión de las mujeres en los altos cargos de la gobernanza, la limitación de su expresión en términos de salarios. No, el problema es la ciencia y los saberes, que están tallados, están compuestos por configuraciones patriarcales. Entonces, la idea que tenemos es que hay que interponerse en esas mallas, planteando transformaciones, planteando en todas las comunidades científicas los distintos saberes y disciplinas y demás adecuaciones a las nuevas formulaciones revisadas por los feminismos, por lo que es necesaria una reflexión común: todas las disciplinas deben reformatearse.

Estoy segura que no se trata sólo de poner un seminario acá o allá, sino de una completa transformación de la malla curricular. Esta es una tarea en la que se deben empeñar nuestras universidades.

¿Y en cuanto a la investigación?

– La investigación debe ser fortalecida absolutamente en lo que atañe a las relaciones de género, a las disidencias de la sexualidad, etc. Para esto hay que tener políticas de promoción. Yo he señalado que debe haber una estructura posibilitante de becas, para que haya tesis doctorales en todas las disciplinas que tengan estos tópicos, que contengan estas problematizaciones.

Por otro lado, tiene que haber por parte de la universidad convocatorias especiales para investigar tales cuestiones, teniendo en cuenta todas las disciplinas, teniendo en cuenta los problemas relacionales de género en el orden especifico de esas disciplinas.

Los mecanismos de abordaje de las desigualdades de género nos estarían dejando sólo en una dimensión punitiva. ¿Cuál es el riesgo de caer solo en eso?

– Hay altísimos riesgos porque podemos convertir a las feministas en jueces penalistas, ¿no? y no es esa la cuestión. Por eso necesitamos prevención, necesitamos medidas -muchas de ellas políticas- y herramientas. Necesitamos obviamente limitar con mucha prudencia el orden de la jurisdicción, pero por otra parte, una vez que se establece la contrariedad de la conducta, las universidades deben actuar, no puede haber ambigüedad respecto de una respuesta punitiva. Pero lo que quiero decir es que ahí no puede agotarse de ninguna manera la equidad que pretendemos en las universidades, el reconocimiento de la condición femenina y demás. Necesitamos medidas de prevención y las medidas de prevención son también cambiar la currícula universitaria.

*Entrevista publicada en la edición número 12 de la Revista Palabra Pública.